Fiestas, ¿fiestas?

Fiestas, ¿fiestas?

A veces el deseo popular de ser plenamente felices en determinadas fechas nos llega como un pedido imposible, como un mensaje expresado en un idioma desconocido. Buscamos la clave para ser y estar de esa manera que los carteles luminosos de nuestra cultura nos cuentan que debería ser pero no sale. El poder de algunos días como la navidad y el año nuevo no siempre pegan en el punto exacto que dispara la felicidad. Muchas veces son días de nostalgia, de recuerdos, de ánimos descoloridos, de silencios y si eso ocurre parecería ser que vemos a los demás como a través de un plástico logrando esa alegría lejana. Desde el acompañamiento a personas que atraviesan situaciones de enfermedad, pérdida o duelo creemos que lo festivo puede incluir también estos estados, creemos que forzarnos a algo distinto a lo que nos pasa puede llevarnos a caminos de frustración y malestar. Creemos que darnos permiso a sentir lo que nos pasa aunque no nos guste o nos resulte incómodo es aceptar la permanente transformación que nos caracteriza. Es integrando que nos acercamos a la autenticidad. Quizás no sea aislarse, quizás no sea encerrarse, quizás con ir al encuentro pero siendo el que somos, con ese traje que hoy nos aprieta y levantar una copa sabiendo que estamos grises sea la forma de empezar a sentirnos coloridos. foto Javier Gallo...
Bendiciones

Bendiciones

por Mercedes Mendez* El siguiente es el relato de la asistencia de “J”, un adolescente de nacionalidad paraguaya que fue traído al Hospital en busca de una cura para su patología pulmonar, una fibrosis severa de origen desconocido y sin posibilidad de tratamiento curativo alguno. A poco de atenderlo comprobé que era un chico tremendamente dulce, algo tímido e introvertido, al que le costaban las palabras y que, en varias oportunidades, trataba de convencernos de que “está todo bien”…”todo bien si”…, aunque su esfuerzo respiratorio nos decía a simple vista lo contrario. Supe, mientras me presentaba y nos conocíamos, que su ciudad se llamaba Itapúa, que era de River y de Olimpia. Le explico entonces de qué se trataban las Terapias no Farmacológicas con las cuales creía que podía ayudar a aliviar su disnea y acepta, aunque  –creo- no muy convencido ya que “estaba todo bien”, como decía siempre. A los pocos minutos de comenzar la sesión, “J” se había quedado dormido –evidentemente relajado- y se podía comprobar con el monitor –estaba en la Unidad de Cuidados Intermedios-  que la saturación de oxígeno había aumentado y su frecuencia cardíaca había disminuido, como también su frecuencia respiratoria. Unos días más tarde, en la sala, acompaño a uno de los médicos que lo estaba siguiendo: preguntas habituales sobre síntomas, disnea, dolor, constipación. ”Todo bien”…”todo bien”… era la respuesta que “J” disparaba, casi de manera inmediata. Mientras, ya habían informado a Marta, su mamá, que el trasplante pulmonar que –creía- le traería la curación a su hijo, no era posible de realizar razón por la cual la última esperanza se desvanecía. Imaginé...
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Catalina León es artista plástica y reside en Bu[...]

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Catalina León es artista plástica y reside en Bu[...]